Rodeado de calor pero congelado….

Nuestro mes actual, Elul, es conocido como el mes de retorno – Teshuva. Es el mes en el que intentamos ser verdaderos (sobre todo con nosotros) y retornamos todo (en especial nosotros mismos) a su lugar espiritual. Por consiguiente, es un mes de intensa introspección y auto-corrección. Y también, un mes de inventario y de buenas resoluciones para el futuro. Pero estudiar sobre estos fenómenos, incluso discutirlo con amigos, no es bastante. Tiene que estarse embebido, absorto, internalizarlo.

Se cuenta la historia de un jasid, que cada año visitaba en el mes de Elul a su Rebe, Rabí Menajem Mendl de Lubavitch (1789-1866), para estar con él durante las Altas Festividades. De todas formas no era una fácil empresa pues en esa época del año, ya el clima era terriblemente frío y nuestro protagonista realizaba todo el trayecto a pie.

En cierta ocasión, cuando sus fuerzas se habían agotado y el frío ya no le permitía mover sus piernas, escuchó el ruido de una carreta que avanzaba por el camino. Se la escuchaba lejos, ocasionalmente se oía la voz del conductor que cantaba alguna melodía. Al rato el carruaje ya estaba a su lado. La parte de atrás del coche estaba repleta de enormes barriles. El conductor se detuvo al lado del judío. “¡Hey, Moshke!” (así llamaban los gentiles a los judíos)- gritó-“¿Deseas viajar conmigo? ¡Si encuentras un sitio detrás, sube!” Con fuerzas renovadas el anciano jasid subió a la carreta agradecido y se sentó entre los barriles.

Pero su alegría no duró mucho tiempo. Después de unos pocos minutos, hundido entre los barriles, se dio cuenta que se estaba congelando, sin poder siquiera moverse. En ese momento se le ocurrió que los toneles podían contener vino, vinagre, o aceite. Con un movimiento vacilante abrió uno de los tapones y olió. No, no era vino ni aceite, era… ¡vodka! “Iván” gritó el jasid, “necesito un poco de tu mercadería. ¡Me estoy congelando! Te lo pagaré, lo prometo. ¿Puedo tomar una pequeña copa?”

“Claro que sí, amigo!”, respondió el conductor, “toma todo lo que necesites. Ciertamente hace mucho frío allí afuera”.

La segunda copa fue mejor que la primera, y en un minuto ya se sentía el calor. ¡Estaba feliz! ¡Viajaba a lo de su Rebe, Di-s le había realizado un milagro! El jasid comenzó a cantar y junto con él cantaba Iván. Las 10 horas de viaje pasaron cual minutos. Antes de que lo notara, ya habían llegado a Lubavitch. El conductor lo ayudó a bajar, lo abrazó y besó y se despidieron afectuosamente. Nuestro jasid entró a la Sinagoga y saludando a todos pidió silencio y dijo:

“Hoy he aprendido una gran lección. Ustedes saben que la Torá es comparada con el agua. Pero se supone que la Torá te dará calor y te hará feliz. Y eso es lo que el Baal Shem Tov y los Rebes nos enseñaron con el Jasidut (filosofía jasídica), lograr que los judíos sientan calor y alegría ¿verdad?. La Torá incluye todo tipo de aguas, entonces el Jasidut debe ser la vodka de la Torá, ¿cierto?. La parte de la Torá que nos hace sentir cálidos y felices”. Nadie entendía lo que el hombre quería decirles, pero por respeto a su edad lo dejaron continuar. “Acabo de descubrir que un jasid puede estar rodeado de barriles de Jasidut, por el mar de la Torá, y sentirse todavía frío, incluso estar a punto de morir congelado. Pero cuando permitimos que aunque sea un poco de Torá y Jasidut penetre en nosotros… Ah! ¡La historia cambia! Nos sentimos vivos y apasionados. Y a partir de ese momento somos capaces de dar calor al mundo entero…” Y ése es el propósito del mes de Elul: Tomarse la Torá y el Judaísmo en serio y experimentar cuán cálido, vivo y significativo es.

Rabí Tuvia Bolton, Kfar Jabad

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario