Rashi, el gran sabio

El 29 de Tamuz,  se cumple un nuevo aniversario del fallecimiento de Rashi…

¿Que niño al entrar al Jeder – la escuela hebrea tradicional – no escuchó hablar ya de Rashi? Su ansiedad por estudiar el Jumash – Pentateuco – con el comentario de Rashi no conoce limites y su escritura misma, levemente diferente de la escritura habitual hebrea, le parece fascinante. El comienzo del aprendizaje del Jumash con el comentario de Rashi marca en cada niño el comienzo de una nueva etapa en su feliz avance dentro del camino de la inmensa sabiduría de la Torá.
El nombre de este gran comentarista fue Shlomó ben Itzjak o Rabeinu Shlomó Itzjaki (algunos dicen que su apellido era Iarji), y forma el acróstico con el que ese renombrado autor pasó a la fama: RASHI.

Rashi nació en el año 4800 (1040) en el pueblo de Troyes, Francia. Según otras opiniones, su ciudad natal fue Worms. Su padre, Rabí Itzjak, era un gran estudioso y conocedor de la Torá y el Talmud, y según se dice, descendiente del Rey David.
Sobre el nacimiento de Rashi se cuenta una maravillosa historia: La posición económica de su padre era muy estrecha. Escasamente lograba alguna ganancia con la venta de vino, para poder mantener a su familia. Cierta vez, encontró un raro diamante con el que pensó – se acabaría la pobreza .
Se dirigió a la joyería para venderlo pero el joyero no tenía dinero para pagar el valor de tamaña piedra preciosa.
Sin embargo, el joyero sabía de alguien que si podía pagar su valor: el obispo.

Circunstancialmente, el clérigo buscaba una piedra de características similares para adornar su cruz y decidió adquirirla.
Cuando Rabí Itzjak se enteró del fin que pretendía dar a la piedra encontrada, se negó rotundamente a venderla. A sabiendas de que se la sacarían por la fuerza, la arrojó al mar.
En ese mismo momento resonó una voz Divina que decía:
“Por este gran sacrificio, recibirás un hijo que con su gran sabiduría eclipsará el brillo de todas las joyas existentes y la luz de su Torá, brillará eternamente”.

Al año siguiente tuvo un hijo al que llamó Shlomó, mientras decía: “Que Di-s le otorgue la sabiduría del Rey Salomón” .
Rashi era todavía muy joven cuando abandonó su ciudad natal y se fue a Worms y a otras ciudades famosas por el calibre de sus maestros espirituales.

Con insaciable ansiedad, Rashi se dedicó devotamente al estudio de la Torá y el Talmud y tras ocho años de constante y profundo estudio, regresó a su ciudad natal. Tenía solo 25 años, pero sus conocimientos le permitieron estudiar en forma individual.
Poco a poco fue adquiriendo fama hasta que pronto su casa estuvo colmada de discípulos y sabios que venían a aprender de él. Eventualmente Rashi fue nombrado Rabino de Troyes, cargo que ocupó ad-honorem, pues igual que su padre, decidió que su sustento proviniese de la venta del vino.

Era joven aun cuando comenzó a escribir su famoso comentario a la Torá y el Talmud.
Hasta el momento se hacía muy difícil la comprensión apropiada de la Torá, y más aun del Talmud. Para subsanar dicho inconveniente, Rashi decidió escribir un comentario cuya característica principal fuera la redacción breve y fácil; un comentario que les permitiera a todos transitar por los complejos senderos de la Torá y el Talmud.
A pesar de la monumental obra, su modestia le hizo vacilar en sacar a la luz el fruto de su trabajo. Además, Rashi quería saber si este sería recibido favorablemente. Para ello Rashi escribió su comentario en hojas de pergamino e inició un viaje de dos años por las distintas Ieshivot – Academias de estudio de la Torá – de aquella época . Durante este viaje Rashi no reveló su identidad, de modo que su presencia pasase inadvertida.
Llegaba a una Ieshiva y se sentaba entre los demás estudiantes para escuchar la disertación del maestro o Rabí que la dirigía. Oportunamente el maestro llegaba a algún pasaje difícil de explicar, cosa que intentaba hacer de la mejor manera posible, aunque inevitablemente todavía quedaban detalles oscuros e indescifrables.
A la noche, cuando Rashi quedaba solo, tomaba una de las hojas de pergamino en la cual explicaba profusamente el pasaje mencionado en un lenguaje breve y claro, y la colocaba sobre el pupitre del maestro. Al día siguiente, cuando se reanudaba la clase, el maestro ante su sorpresa, encontraba el misterioso pergamino delante suyo, quedando desconcertado ante la lucidez y simplicidad con que la exégesis talmúdica quedaba expuesta.

El maestro contó a sus alumnos el milagroso suceso y todos concluyeron en que seguramente se trataba de… ¡un “regalo” del cielo!
Rashi, silencioso entre los alumnos, escuchaba con gran satisfacción los elogios que el maestro brindaba al comentario. Su felicidad se debía a que veía claramente que su trabajo era útil y provechoso para el estudio de la Torá. Y así como había llegado, se retiraba sin revelar su identidad a nadie.
Rashi continuó viajando y visitando las más renombradas Ieshivot de Europa, dejando secretamente sus hojas de pergamino.
Rashi concluyó su obra y mientras iba dejando sus pergaminos, su secreto fue descubierto.
Su identidad se hizo publica con gran rapidez y su comentario fue utilizado por jóvenes y ancianos, ganando una popularidad pocas veces ganada por otro comentarista.

Hoy en día casi no existen ediciones del jumash, el Tanaj o el Talmud, que no esten acompañadas por este fantástico comentario, y hoy se hace casi inconcebible el estudio del Talmud sin la ayuda del mismo.
Rashi no tuvo hijos varones, pero sus yernos fueron también grandes sabios de la Torá. Uno de ellos fue Rabí Iaakov Tam, otro fue Rashbam. Sus nietos y discípulos formaron una academia de estudios muy singular, y eran llamados los Tosafot, cuyo comentario al Talmud, también ocupa un lugar de relevancia.

Durante sus últimos años de vida, Rashi vio su tranquilidad perturbada por los graves sucesos que sacudían a la comunidad judía. Era la época de las Cruzadas.
El corazón de Rashi estaba quebrantado por las atroces penurias que le tocaban vivir de cerca, y su pesar es fielmente reflejado en la poesías que escribió, muchas de las cuales pasaron a formar parte de nuestras oraciones, especialmente en las Selijot.
Durante sus últimos años, le eran dirigidas gran cantidad de preguntas halájicas (legales) , desde los puntos más remotos. Debido a su debilidad y enfermedad, no le era posible responderlas, es por ello que su hija paso a ser su secretaria, y Rashi le dictaba a ella las respuestas.

El 29 de Tamuz del año 1105, a la edad de 65 años, falleció Rashi.
Sin embargo, la eternidad que le otorgó a su obra perdura indeleblemente, constituyendo una constante fuente de entendimiento e iluminación para niños, jóvenes y ancianos por igual.

Centurias después de su muerte aun podía verse el Beth HaMidrash – casa de estudios – de Worms, donde Rashi solía enseñar, con la vieja silla de piedra sobre la cual se sentaba, elementos que eran conservados con reverencia. Lamentablemente, al comenzar el mes de Tebet del año 1938, vándalos nazis le prendieron fuego, destruyéndola.

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