Acercándonos a las Altas Festividades como Judíos

El comienzo del nuevo año Judío, el mes de Tishrei, esta lleno de Festividades, dentro de ellas, cuatro celebraciones fundamentales: Rosh Hashana, Yom Kipur, Sucot y Simjat Torá-Shmini Hatzeret. Son muy diferentes uno del otro. Pero, también podemos separalas en dos: las primeras dos, el día de recuerdo y expiación, son mas graves en comparación a los otros dos, los cuales son días de regocijo.

Al mismo tiempo, las primeras tres festividades tienen un común denominador: además de que son festividades Judías, llevan consigo un mensaje universal: la contabilidad y el juicio, la misericordia y la expiación, y la alegría de vivir.

Estos atributos y cualidades son esenciales en la vida del ser humano. Marcamos el nuevo año conmemorando la creación, y celebrando el Reinado de Di-s. Tanto la creación y la soberanía de Di-s, pertenece a toda la humanidad y no específicamente al judío.

El Día de la Expiación, también es importante para todos los seres humanos. La vida está llena de errores y transgresiones. Sin expiación sería insoportable seguir viviendo con las piezas no resueltas y dolorosas de nuestro pasado.

Sucot, a primera vista, parece estar mucho más conectado con la historia judía. Sin embargo, en su esencia, esta fiesta es en realidad una fiesta de agradecimiento por lo que tenemos. Reconocemos la tranquilidad en nuestra vida y expresamos nuestra gratitud por los dones Divinos. Por otra parte, nuestros Sabios nos enseñan que durante Sucot, en los días del Templo Sagrado, 70 toros eran ofrecidos a Di-s en el nombre de las 70 naciones del mundo. Como predice el profeta Zacarías, en los días por venir es en Sucot que todos los pueblos del mundo van a venir en peregrinación al Templo de Jerusalén (14:16-21).

Esta combinación de lo particular y lo universal no es sólo un punto más interesante: es la clave para entender el significado de estos tres días de fiesta. En todas nuestras otras celebraciones, y tal vez en la vida religiosa judía en general, hacemos hincapié en la especificidad de la existencia judía. La mayor parte de nuestras festividades y días conmemorativos están profundamente conectados con nuestra propia historia.

En Tishrei, sin embargo, nos centramos en nuestra humanidad fundamental, en el hecho de que somos seres humanos con grandes problemas. En este contexto, la humanidad no se define como un grupo de seres humanos, aquí hablamos de nuestra humanidad básica, la humanidad en su calidad. Los conceptos que hay en Tishrei son los que nos hace humanos. La esencia de la universalidad de estos días de fiesta, entonces, no está para que sean compartido con los demás: se trata de profundizar en nosotros mismos para revelar y descubrir algunos de los fundamentos de nuestra existencia. Exploramos y reconocemos lo que es universal para toda la humanidad dentro de nosotros mismos.

La cuarta y última de las fiestas del mes de Tishrei, Sheminí Atzeret (y con ella Simjat Torá), es un claro contraste con los tres primeros. Como muy bien representado por nuestros Sabios, el rey hizo gran banquete, al que invitó a todos los ciudadanos de su reino. Al final de estas fiestas, llamó a su amigo más querido y le dijo: ahora que todos estos grandes eventos han terminado, vamos a hacer un pequeño banquete sólo para los dos de nosotros (Tratado de Sucá 55b).

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