Un soldado de 92 años, rompe el silencio por los héroes de Auschwitz

Denis Avey, un soldado Británico capturado en la Segunda Guerra Mundial, intercambió uniformes con un judío alemán para poder infiltrarse en el campo y ver por sí mismo lo que ocurría adentro.

Le llevó más de 60 años romper el silencio, pero en el nuevo libro de Denis Avey de 92 años, cuenta la historia de cómo se infiltró en el campo de concentración de Auschwitz dos veces para presenciar por si mismo los horrores del Holocausto.

Avey era un soldado británico capturado durante la Segunda Guerra Mundial y mandado a un campo de trabajo cerca de Aushwitz en donde trabajó en la planta IG Farben junto con otros presos del campo de concentración, con el sobrenombre de “rayas”, por sus uniformes.

Mientras que a Avey, un hombre testarudo y soldado aguerrido, le fue dicho sobre el masivo exterminio de los judíos y experimentado el nauseabundo olor de los crematorios, quiso ver por él mismo lo que sucedía en Auschwitz.

Aunque las condiciones del campo de labor eran espantosas, la comida era mejor y el trato menos duro que en Auschwitz.

Y como prisionero de guerra, paquetes de la Cruz Roja ocasionalmente le llegaban con chocolates y cigarrillos, que podían intercambiarse por mejores provisiones y una ayuda de sobrevivencia.

Luego de semanas de preparación, incluyendo sobornos al guardia, Abey dos veces intercambió uniformes con un judío alemán de más o menos la misma altura para poder infiltrarse en el campo en donde pasó la noche.

En ambas ocasiones los hombres consiguieron volver de vuelta a sus ropas, a pesar del riesgo de que los descubran y por consiguiente, muerte segura.

“Hice mis deberes durante semanas y semanas, pero el común denominador de todos era la tremenda cantidad de suerte”, Avey dijo en una entrevista para promover su biografía “The Man Who Broke Into Auschwitz”, co escrito por Rob Broomby y publicado en Inglaterra por Hodder &Stoughton.

“Mi vida dependía de 50 cigarrillos, 25 adentro y 25 afuera. El guardia me podía haber disparado muy fácilmente”.

Su motivación por arriesgar su vida fue doblemente motivada para “poner uno más en el enemigo” y para ver lo que pasaba así podía contarle al mundo luego sobre las atrocidades.

Él recuerda ver pilas de cuerpos “vagamente humanos” de trabajadores que morían cada día. Eran llevados afuera por sus compañeros presos que no mostraban emoción. Los camiones de cuerpos colapsaban, otorgándoles una golpeada y casi segura muerte.

Demasiado débil para resistir

Los hombres eran empujados para formar y llevados a las cámaras de gas, pero no había protestas, estaban demasiado débiles y abatidos.

Avey describió el “aire viciado” del área de descanso y la “sopa” pútrida que le servían a los hombres, que no se les ocurría probar.

Él mantenía conversaciones silenciosas con el preso que se acostaba a su lado, que sabía del plan, intentando averiguar todo lo que podía sobre el campo de concentración.

“No había nada igual como Auschwitz III en el mundo; era el infierno en la tierra. Esto es lo que yo pude presenciar, pero fue un terrible y horrenda experiencia”.

Luego de sobrevivir el campo y la “marcha de la muerte” al final de la guerra, Avey intentó decirle al ejército sobre sus experiencias, pero cuando se encontraba frente a ellos, fue llamado el “síndrome del ojo vidriado”, así que se dio por vencido, y guardó silencio durante 60 años.

Incluso su madre no sabía lo que él había pasado, y nunca preguntó por qué estaba tan demacrado al llegar a Inglaterra.

Durante seis años Avey tenía pesadillas constantes, y se levantaba bañado en un frío sudor. Todavía recuerda esa experiencia hoy en día.

Luego, durante una entrevista en una radio hace un par de años, se abrió y contó su historia, y desde ese momento, ganó reconocimiento por su heroísmo, por parte de políticos y organizaciones del Holocausto.

La Fundación Internacional Raoul Wallenberg le otorgó el honor a Avey con un diploma, y un vocero en Israel dijo: “Sentimos que esta historia es genuina”, agregando que un compañero sobreviviente corroboró su historia, para satisfacción de la fundación.

Avey dijo que su libro es relevante hoy en día.

“La diferencia entre lo correcto y lo incorrecto está siendo retrocediendo rápidamente. La conciencia se está diluyendo, y la gente dice simplemente “así es la vida”. La gente es así ahora”.

A pesar de su oscuro contenido, la historia termina con una nota de esperanza.

Avey recientemente descubrió que un judío llamado Ernst sobrevivió a Auschwitz y menciona su testimonio en un video.

En ese testimonio habla sobre un soldado (Avey), que le dispuso de 10 paquetes de cigarrillos de Inglaterra, que él cambiaba por comida y nuevas suelas para sus zapatos, ya que sin ellas, dice, no hubiera podido sobrevivir la marcha de la muerte.

“Creí que él estaba muerto”, dijo Avey. “No pude creerlo”.

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