Solteros en el Cielo

Encontraste al hombre de tus sueños. Fue amor a primera vista, te caíste del camello la primera vez que posaste los ojos en él…

Encontraste al hombre de tus sueños. Fue amor a primera vista, te caíste del camello la primera vez que posaste los ojos en él… No sólo él es virtuoso, cortés, guapo, sensible y espiritual–el tipo de gente que las tardes de verano medita en el campo—sino que también inmensamente rico. ¡El heredero acérrimo de la familia más prestigiosa de Canaán!

Pero hay una sola cosa medio extraña: nadie sabe dónde ha estado o lo que hizo durante los últimos tres años. Hace tres años, de viaje con su padre a la cima de una solitaria montaña, desapareció en el fino aire. Y ahora volvió tan de repente como desapareció, -y aquellos que lo conocen juran—que no se ve ni un día más viejo que el día que se fue.

¿Qué significa esto? ¿Qué presagia esto para tu matrimonio?

En un marcado contraste con otras religiones, el Judaísmo no promueve el desapego del mundo físico. De hecho, algunos dirían que el estilo de vida de la Torá no es, en absoluto, una “religión.” El compendio de sus 613 mitzvot (preceptos divinos) se preocupa específicamente, por los problemas no-religiosos: qué comes, cómo te vistes, qué tipo de vecino sos, cómo tratas a tus padres, cómo le habla a tus hijos, cómo te relacionas con tu cónyuge.

El Tania (el libro básico del Jasidismo de Jabad) lo pone así:

De esto se trata el hombre, éste es el propósito de su creación, y de la creación de todos los mundos, el superior y el inferior: constituir una morada para Di-s en el reino físico.

Ciertamente, también hay mucho de espiritualidad. Cada día comienza con una hora entera de rezos. Cada día tiene consagrado tiempo al estudio de Torá. El judío se dedica a meditar en la grandeza de Di-s y desarrollar sentimientos de amor y temor en su corazón. Los pasajes del Talmud (Ética de los Padres 5:22) que describen el ciclo de vida ideal para el judío asigna las primeras dos décadas de su vida enteramente a las aficiones espirituales.

Pero siempre lo espiritual esta allí como un preludio y preparación para lo material– y no viceversa. Las plegarias de la mañana lo entonan a uno para el día en el “mercado”; una niñez y una juventud santificada lo preparan para una vida de interacción con el mundo material; se crea un alma completa y primordial que descenderá a la vida física; el estado espiritual de Gan Edén (“la vida después de la vida”) precede la envestidura del alma en su cuerpo en el también físico, “Mundo para Venir.”

Una “morada para Di-s en el reino físico” es el objetivo, el propósito. La espiritualidad es el mapa de ruta, las palabras de estímulo para guiar, inspirar y vivificar la materialización de nuestras vidas físicas, tan verdaderas a su creador y esencia.

Un exámen de la cronología de la vida de Isaac, contada en el Libro de Génesis y sus Midrashim, revela un hueco inexplicable de casi tres años. Según Génesis 21:5, Abraham tenía 100 años cuando nació su hijo Isaac. Según Génesis 25:26, Isaac tenía 60 años cuando nacieron sus hijos gemelos, Iaacob y Esau, veinte años después de que se caso con Rebeca, a los 40. Ese mismo capítulo cuenta un evento (la venta de la primogenitura de Esau a Jacob) que ocurrió el día que “los muchachos maduraron”. La Torá considera los 13 años como la edad de madurez; Isaac tendría 73 en ese momento. Ese mismo día también fue el día del fallecimiento de Abraham. Según Génesis 25:7, Abraham vivió 175 años–que ubica a ese día 75 años después del nacimiento de Isaac.

Según una explicación que ofrecen los comentaristas bíblicos, Isaac se pasó tres años–el período entre el tiempo que estuvo en el Monte Moriá y su casamiento con Rebeca–en el Jardín del Edén, en un estado totalmente espiritual de existencia. Estos años no fueron parte de su vida física. Así, en el día que Jacob y Eisav hicieron su trato histórico, Isaac estaba en su 73mo. año de vida física–mientras que para todos los demás, 75 años de tiempo físico habían transcurrido desde el momento del nacimiento de Isaac.

¿Qué significa esto para nosotros? El Rebe de Lubavitch ofrece la siguiente visión. En el ciclo de vida de un ser humano, no hay nada que signifique el descenso del alma en la vida física más que el acto y la experiencia del matrimonio. El matrimonio es cuando una persona deja de vivir dentro de su propio cuerpo y empieza a compartir su misma alma con otro cuerpo, en una relación que se practica en el más físico de los viajes humanos. Los aspectos “mundanos” de la vida– el ganarse el sustento, la planificación financiera, llevar el hogar, las compras– consumen cada gota de existencia de uno y toda la energía. Al mismo tiempo, es la satisfacción más profunda de nuestros esfuerzos en la vida. Porque de esto se trata el hombre.

¿Cómo se prepara uno para el matrimonio? ¿Volviéndose más físico, más orientado hacia lo material, en la preparación para esta gran zambullida de su ciclo de vida? Isaac hizo exactamente lo contrario –se retiró a un estado de espiritualidad absoluta. Esto le dio la visión, la perspectiva, la fortaleza, para hacer de su vida física un lugar divino, en vez de un lugar que disimula lo divino.

¿Quiere saber qué cercano estas de Di-s? Mira qué tipo de marido eres. ¿Quieres ser un buen marido? Acércate a Di-s.

Ianki Tauber

Aún no hay comentarios

¡Sea usted el primero!

Complete el formulario siguiente para comentar.

Deje un comentario