Shmini Atzeret – Simjat Torá

Abreva agua con júbilo, de los manantiales de la salvación. (Isaías 123)

En la ley judía, el agua es el agente de purificación. Una persona u objeto que se han vuelto ritualmente impuros deberán ser sumergidos en un manantial o estanque de agua (mikvé) para recuperar su pureza.
Mientras que ambos, el manantial y el estanque-mikvé purifican, hay una importante diferencia entre ellos.
La mikvé deber contener por lo menos cuarenta sed de agua (aprox. 330 litros) y debe ser agua estanca, recogida dentro del suelo. El agua de mikvé en movimiento no puede purificar; hasta la más pequeña pérdida por una fisura en las paredes de la mikvé convierten sus aguas en “corrientes” y la descalifican. El manantial —agua que fluye continuamente de su fuente subterránea—, sin embargo, no tiene ninguno de semejantes criterios limitadores: la más diminuta cantidad, aun si está fluyendo libremente, tiene el poder de purificar la más severa de las impurezas.
La lección es clara: Si uno desea lograrlo todo por sus propios medios, fiándose de sus propios sentimientos e intelecto para orientarlo en la senda apropiada, mejor será que esté bien equipado para la tarea. Deberá poseer un mínimo de muchos “litros” de comprensión y fortaleza. Adicionalmente, está muy limitado en cuanto a dónde puede ir: debe estar contenido y medido por “paredes” fuera de sí mismo; pues sin un “control” objetivo, es susceptible a todo tipo de distorsiones. Una mikvé que no se ajusta a estos criterios no solamente fracasa en la tarea de purificar y refinar todo aquello con que entra en contacto, sino que ella misma es vulnerable a la contaminación.
Pero aquel que conserva un nexo inquebrantable con su fuente, no tiene limitaciones tales. Uno cuya lealtad es exclusivamente a la voluntad de su Creador, con la negación de todo vestigio de su propio ser, tiene el poder purificador del manantial. Su intelecto puede no ser el más profundo, sus talentos pueden ser bastante poco espectaculares, pero lo poco que tiene puede enfrentar efectivamente la más desafiante de las tareas. Asimismo, tampoco precisa de paredes contenedoras o “comunidades cerradas” para salvaguardar su integridad:
dondequiera vaya y fluya, tiene un efecto positivo sobre su entorno y jamás se ve influenciado negativamente por las imperfecciones de éste. Pues no importa cuán escasos sean sus recursos, ni a dónde se aventure, se mantendrá firmemente conectado a su Fuente Suprema.

El contrato matrimonial
¿Cuál fue el logro más grande de Moshé? ¿Sacar a los judíos de Egipto? ¿Partir el Mar? ¿Recibir la Torá de Di-s y transmitirla a la humanidad?
Si hemos de juzgar por la síntesis final de la Torá acerca de su vida, el acto más grandioso de Moshé fue romper las Dos Tablas del Pacto, inscriptas con los Diez Mandamientos por la Mano misma de Di-s.
En los versículos de cierre de Deuteronomio leemos:
Moshé, el sirviente de Di-s, murió alli en la tierra de Aloav… Y nunca desde entonces se alzó en Israel un profeta como  Moshé, a quien das conoció cara a cara; [quien realizó] todas las señales y maravillas que Di-s [lo] envió a ejecutar en la tierra de Egipto… [quien equiparó] aquella poderosa mano, aquellos enormes actos temibles, [y aquello] que  hizo ante los ojos de todo Israel.
Rashi’, en su comentario a la Torá, interpreta su último versículo de la siguiente manera:
Aquella poderosa mano: “que él recibió en sus manos la Torá, contenida en las Tablas”.
Aquellos enormes actos temibles: “los milagros y hazañas que realizó en el ‘desierto grande y temible”’.
[Aquello] que Moshé hizo ante los ojos de todo Israel: “que su corazón lo envalentoné para romper las Tablas ante sus ojos, como está escrito: ‘[y tomé las dos Tablas y las arrojé de mis manos] y las rompí ante vuestros ojos.
La opinión de Di-s, entonces, concordó con la suya, como está escrito: ‘[...las primeras Tablas,] que rompiste’4 — Yo afirmo tu fortaleza por haberlas roto”. (La palabra hebrea asher (“que”) también puede leerse como ishur, que significa “concordar” y “loar”. Así, las palabras de Di-s a Moshé, “…las primeras Tablas que rompiste”, pueden entenderse también como: “Yo te afirmo por haberlas roto” o “Gracias (ieasherkojaja’) por haberlas roto”).

Climax Enigmático
La rotura de las Tablas fue un suceso por demás trágico, significando un quebranto en la relación especial entablada por Di-s e Israel en Sinaí, una relación encarnada por la Torá y encapsulada en los Diez Mandamientos que Di-s inscribió sobre las Tablas. De hecho, nuestros Sabios ven la rotura de las Tablas como la fuente de todas las tragedias posteriores de la historia judía: “De no haberse roto las primeras Tablas”, declara el Talmud, “ninguna nación hubiera podido subyugar alguna vez al pueblo judío”.
Otro indicio de cuán doloroso fue este suceso lo constituye su uso como el prototipo de la congoja y la pérdida: “La muerte de los justos”, dicen nuestros Sabios, “Le es tan trágica al Omnipotente como el día en que se rompieron las Tablas”.
Y, sin embargo, Di-s avalé la decisión unilateral de Moshé de romper las Tablas. Obviamente, entonces, Moshé tenía justas razones para hacerlo. ¿Pero por qué culmina esto la enumeración de la Torá de sus mayores logros? Con tantas realizaciones positivas en mérito de Moshé, ¿por qué acentuar un suceso tan negativo, por más justificado y necesario que fuera?
El Talmud nos dice que “todo pasa por la conclusión”8. Esto significaría que al culminar las alabanzas de Moshé con la mención de haber roto las Tablas, la Torá está implicando que ésta fue su mayor virtud, mayor que el hecho de ser “el sirviente de Di-s” por 120 años; mayor que el hecho de ser el único ser humano con quien Di-s Se comunicó cara a cara, “manifiéstamente9, no por alegoría”; mayor que las “señales y maravillas” que realizó en Egipto, haciendo nacer una nación y conduciéndola a la libertad; mayor que su poseer “la poderosa mano” que recibió la Torá de Di-s; ¡mayor que su mantener, proteger y gobernar unas 3.000.000 de almas quejumbrosas en “el desierto grande y temible” durante cuarenta años!
Además, las palabras “que Moshé hizo ante los ojos de todo Israel” (que Rashi interpreta como una referencia a la rotura de las Tablas por parte de Moshé) no son solamente las últimas palabras de la Torá sobre
Moshé; también son las palabras de cierre de la Torá misma. ¡Esto significa que la Torá llega a su punto más excelso con el registro de su propia devastación!

La Novia Díscola
¿Qué impulsé al corazón de Moshé a “envalentonarlo para romper las Tablas”?
El pueblo judío había adorado el Becerro de Oro, violando el pacto con Di-s documentado en las Tablas. Moshé se encontró, así, en la posición de tener que escoger entre la preservación de la Torá o la preservación de Israel, como el Midrash ilustra con la siguiente metáfora:
Había una vez un rey que partió en un viaje distante y dejó a su prometida con sus criadas. A causa de la promiscuidad de las criadas, comenzaron a circular rumores acerca de la novia del rey. El rey escuchó acerca de ello y quiso ejecutarla. El tutor de la novia se enteré, por lo que se adelanté y rompió su contrato matrimonial, diciendo: “De decir el rey: ‘Mi esposa hizo así y así’, le diremos: ‘Ella no es tu esposa aún”’. El rey investigó posteriormente la cuestión, y se encontró con que nada promiscuo había en el comportamiento de su novia; que sólo las criadas eran corruptas, y se reconcilié con ella. Dijo el tutor de la novia al rey: “Señor, suscribe otro contrato matrimonial, pues el primero fue roto”. Le dijo el rey: “Tú lo rompiste, de modo que proporciona tú el papel y yo escribiré sobre él con mi propia mano”… Así, cuando Di-s perdoné [al pueblo judío], dijo a Mosbé:
“Cincela ~ tú mismo, dos Tablas de piedra [como las primeras, y Yo escribiré sobre estas Tablas lo que estaba sobre las primeras, que tú rompiste]” 11
Di-s, explica el Midrash, es el rey; Israel, Su novia; cl erev ray (la “multitud mixta” que se había unido al pueblo judío en el Exodo).

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