Sentir el dolor

Frente a las tragedias tanto a nivel nacional, como el incendio en el recital, como mundial, el tsunami, una reflexión sobre el dolor…

En el primer día del desastre del tsunami en el sudeste asiático las noticias decían: “El total de muertes ahora sobrepasa los 10.000, incluídos por lo menos tres americanos.”

¿Es ésta una declaración sensata? ¿Es correcto o apropiado para nosotros preguntar “¿había algún americano? ¿judío? ¿israelí? ¿Es el normal que el mundo destacó que habían belgas, figuras de renombre, supermodelos?

El sentido común dice que no. No es políticamente correcto considerar a los tres americanos significativos ante los cientos de miles de otros seres humanos.

Pero, en una segunda reflexión, todo existe en jerarquías y grados. Por un amigo íntimo sufrimos mucho. Por un familiar el dolor es todavía mayor. De hecho sería poco realista y deshumano esperar que unosienta distinto.

En el caso de este tsunami, la devastación es tan msiva que necesitamos algo que lo “traiga a casa”. De otra manera, seguirá siendo una terrible tragedia del otro lado del mundo.

Así que buscamos incluso a un solo individuo entre las víctimas que traiga el dolor a un nivel personal.

La pregunta importante es: ¿Y ahora qué? Ahora que es personal. ¿Qué pasa?

Aquí es donde elegimos qué hacer con este dolor. Si continuamos sólo doloridos por los más queridos, entonces estamos fallando. Pero, si una vez que tenemos este sentimiento de pesar por los nuestros, lo extendemos hacia el resto, entonces es moral, kosher y humano.

Lo “particular” es la puerta de entrada para interesarnos por los demás.

Si sufrimos indiscriminadamente por todos, el sentimiento es demasiado amorfo e intangible. Necesitamos identificar a la víctima con nosotros. El dolor impersonal es irreal. Así que, ¡hágalo personal! ¿Cómo? Asociándolo con un pesar personal y extendiéndolo desde allí.

Se cuenta una historia de un jasid que lloró cuando se dio cuenta de que no había llorado por la intempestivamente muerte del hijo de su vecino, tanto como lo había hecho por la de su propio hijo. Luego de todos sus esfuerzos en su vida por arraigar el amor de su semejante en su corazón.

Este jasid estaba obviamente en un nivel muy alto, el cual no puede esperarse ni de usted y ni de mí. Pero la lección es útil. Él solo descubrió el estado incompleto de su dolor por la pérdida del vecino luego de que lo pudo comparar con el suyo propio.

El dolor de otros debe ser tan real para nosotros como nuestro propio. Ése es el ideal al que debemos aspirar. Y el lugar para empezar es el dolor que está más cercano a nuestros corazones.

Manis Friedman

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