Pocos en número, fuertes en fe

Algo extraordinario está sucediendo en Ecuador: Judíos, perdidos durante siglos, están volviendo a sus raíces, pero algunos dicen que no son judíos.
Hay unos 1.000 judíos en todo Ecuador. En Quito, hay 14 millones de habitantes, una sinagoga, y una congregación Ashkenazi. Unos pocos allegados Jabad y algunos Sefaradíes.
Los más intrigantes son los que están “retornando” a su Judaísmo. Conocidos como marranos, (conversos en español, y anusim en Hebreo), estos “judíos secretos” no son más un secreto.
El Autor Israelí Yaron Avitov, residente en Ecuador, ha hecho dos documentales sobre los conversos allí. En la Tribu Perdida de los Judíos Sefaraditas, Avitov investigó unas 25 a 30 costumbres antiguas que provenían de las costumbres judías. Incluyendo ciruncisión, dar bikurim (los primeros frutos de un árbol), y encender las velas viernes de noche. Gente ha conservado Menorás y Biblias en hebreo como posesiones de familia, “algunas veces concientemente y otras no”. “Han tenido tradiciones sagradas durante siglos”.
Muchos le han dicho, “Conocemos nuestras raíces judías, estamos orgullosos de ellas; no es una verguenza para nosotros”.
“Han tenido una vida doble hasta ahora”, explica Avitov, “Están entre dos religiones y dos culturas, y entre dos tierras, dos países…todo el tiempo, están divididos por dentro. Tienen muchos problemas de identidad…Los Católicos piensan que son judíos, y los judíos los ven como católicos”.
“Parte de ellos pueden pretender y no saben nada sobre judaísmo. Pero parte de ellos son mejores judíos que la mayoría de los judíos”.
Java Burgos, una estudiante de abogacía, dice que “Burgos” es un nombre Sefaradi, pero confía en que su práctica judía enfurece a sus amigas católicas. Sin embargo, le faltan documentos para testificar que es judía.
Tendría que ir a algún lugar de Sudamérica o a Israel para convertirse de acuerdo a la ley, y en Ecuador, no hay una institución que la ayude a ir a Israel.
Burgos pertenece a  una congregración con un hombre que se llama a sí mismo Capitán Jose Franco, pero que los miembros lo llaman “rabino”. Dirige a sus 60 miembros en las plegarias y clases en Hebreo cada semana en su casa.
Franco, de 36 años, recuerda haber celebrado varias festividades judías. “Mi padre siempre decía, “No somos judíos, somo Bnei Israel. No conocemos a nuestra propia tribu. No sabemos si somos descendientes”. Él se describe asi mismo y a sus seguidores como “bnei anusim”, hijos de conversos (marranos).
Juan Mejía, coordinador de Bejol Lashon, se dedica a estudiar el crecimiento y diversidad de los judíos alrededor del mundo. Él denomina a la congregación de Franco de Mesiánicos.
“No es algo bueno”, dice Mejia. “Muchos están confundidos y no están dispuestos de dejar el cristianismo”.
Mejia establece que el 30% de los primeros colonos en Latinoamérica eran judíos que se escaparon de la Inquisición.
Extraído y adaptado de jpost.com

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