La oscuridad antes del amanecer

En nuestra época las tribulaciones son múltiples, y todos están consternados ante la aparente severidad de Di-s…

Todos nos preguntamos cuándo concluirá todo esto, pues ya casi no nos quedan fuerzas para soportar la abyecta miseria y pobreza que aumenta a diario.

Sin embargo, cualquiera que reflexione cuidadosamente sobre la cuestión hallará cierto alivio en la situación misma, pues sabemos que Rabí Eliahu de Vilna, el Gaón, sea su memoria bendita, escribió: Todos los días del exilio son como la duración de un embarazo, y la etapa final es comparable a los dolores de parto que experimenta la mujer inmediatamente antes de dar a luz. La Guemará (Shabat 118a) se refiere a este fenómeno como “jevléi Mashíaj” —los dolores de parto de Mashíaj— cosa que Rashi compara al trabajo de parto.

Ahora bien, cuando una mujer tiene un trabajo de parto difícil y ya no tiene fuerzas para soportar el dolor, la partera la reconforta con el hecho de que su agitación no se prolongará por mucho tiempo más. Ella le dice a la sufriente mujer que el dolor mismo es una señal irrefutable de que el parto es inminente.

Este concepto se iguala a nuestro caso.

Pues si las dificultades no fueran tan abrumadoras podríamos vernos a nosotros mismos soportando el dolor por un período prolongado de tiempo.

Además, el hecho de que estas dificultades disminuyen de vez en cuando es parte del “proceso de parto”, así como los dolores del trabajo de parto aminoran brevemente (de otra manera, las mujeres morirían al dar a luz) y luego arrecian nuevamente. Así es también en nuestro caso, como lo sabe cualquiera que sea consciente de los sucesos de hoy.

Sin embargo, cuando las tribulaciones se vuelven tan abrumadoras que no podemos soportarlas más, podemos presumir seguramente que el Santo, bendito sea, revelará la Redención final ciertamente muy pronto. Como aconsejan nuestros Sabios:

“Cuando la adversidad fluye cual un río” (Isaías 59:19), aguarda la revelación de la gloria de Di-s (Talmud, Berajot 56b; Sanhedrín 98a).

Esto explica por qué somos afligidos tanto actualmente.

En cuanto a por qué todo tipo de bondades parecerían ser conferidas a los malvados del mundo, podemos responder con la siguiente alegoría:

Un comerciante muy próspero empleó campesinos en sus diversos negocios. Cuando llegó el momento de casar a su hijo, se dio cuenta de que si invitaba a estos ásperos e incultos campesinos a la boda, se mezclarían con los nobles que habrían de asistir. Dado que ésta no era la manera de mostrar gratitud y aprecio a sus amigos, decidió saldar sus cuentas con los campesinos antes de que se festejara la boda, pues esto era todo lo que aquellos realmente querían. De modo que convocó a los campesinos y les dijo que en vista de que ellos eran sus sirvientes, quería que compartieran su alegría en la boda de su hijo, y por lo tanto celebraría para ellos un dadivoso banquete con carne y vino antes de la celebración principal. Los urgió a comer, beber y alegrarse, y a regocijarse en el bien que él les confería.

Así, el adinerado hombre resolvió su dilema.

Hay que admitirlo, algunas personas se escandalizaron al ver a esta gente simple comiendo, bebiendo festejando antes de que sus amigos cercanos hubieran siquiera arribado a la boda, y se preguntaron si los campesinos le eran más importantes al adinerado hombre que sus amigos íntimos.

La idea de esta alegoría es obvia. El Sifrá sobre behaalotjá cuenta una parábola similar.

Ahora bien, cuando una mujer está en medio de un difícil trabajo de parto, todo el sosiego que le ofrece la partera puede resultar inútil, y es posible que ella no sea capaz de reunir las fuerzas necesarias para soportar el dolor y dar a luz, Di-s libre. Sin embargo, en nuestro caso, podemos tener la certeza de que el momento del parto llegará. Como indica claramente el versículo:

“‘¿Traeré Yo el trabajo de parto y no abriré la
matriz?’, dice el Señor…” (Isaías 66:9).

No puede haber alivio mayor que éste, particularmente cuando todas las señales de la inminente Redención (como se registran en el décimo capítulo de Sanhedrín) ya han tenido lugar.

Una de estas señales, por ejemplo, ya la hemos mencionado: si somos testigos de problemas que se abaten, incesantemente, aguardemos al Mashíaj.

Otra señal enumerada por nuestros Sabios es el desempleo tanto de hombres como de animales. Este es claramente uno de los infortunios de nuestro tiempo, cuando trenes y automóviles han reemplazado en gran medida a los animales como medio de transporte y labor. Además, también mucha gente está desempleada como resultado del mismo desarrollo.

Un augurio adicional de la inminente Redención es que los precios serán iguales en casi todos los lugares. Vemos que el costo del trigo, por ejemplo, es igual en casi todo lugar, y por eso los negocios se han deteriorado, con ganancias reducidas al mínimo.

Además, aunque “Quienes aman Tu Torá gozan de paz abundante, y no hay tropiezo para ellos” (Salmos 119:165), los eruditos de la Torá hoy no gozan de paz, pues se ven convulsionados como todos los demás.

Otro ejemplo más que se menciona en el mismo pasaje Talmúdico es que el número de eruditos de la Torá disminuirá significativamente antes de la venida del Mashíaj.

Además, los jóvenes avergonzarán a sus mayores.

Finalmente, la semilla de David (o sea, el Mashíaj, quien descenderá del Rey David) no llegará hasta tanto todos no sean indigentes. Esta idea, de hecho, se basa en un versículo:

“Y Yo dejaré en medio de ti un pueblo pobre y privado, y ellos confiarán en el Nombre de Di-s” (Tzefania 3:12).

La sección del santo Zohar llamada Raaiá Mehemná declara, comentando la sección bíblica de Behaalotjá, que en el exilio que precede a la venida del Mashíaj habrá poca muerte pero mucha pobreza, pues la persona pobre es considerada como muerta. Similarmente Tikunéi Zohar predice repetidamente privación y pobreza desenfrenada en ese tiempo.

En la Guemará se mencionan varias señales adicionales de Redención inminente.

Todas se han concretado.

Además, si uno estudia el capítulo final de Sotá, verá que estos augurios también se han cumplido.

El Fin Está Cerca”

Dado todo lo anterior, ciertamente debemos fortalecer nuestra fe y esperar la inminente salvación. Sin embargo no podemos señalar el momento de nuestra Redención, pues si bien el Santo, bendito sea, dio a conocer que el exilio babilónico culminaría al cabo de setenta años, ciertos sabios y profetas calcularon mal la fecha exacta. Uno de los que erró el cálculo de cuándo comenzó el exilio fue el Profeta Daniel, como lo cuenta la Guemará. Cuánto más entonces se aplica esto a nuestro caso, pues la fecha del final de este exilio es un misterio impenetrable.

No obstante, en base a nuestra inundación de problemas y privaciones, podemos estar seguros de que el exilio no continuará por mucho tiempo más.

Encontramos una tendencia similar en el éxodo de Egipto: La severidad de la esclavitud de los judíos aceleró su Redención, pues los 400 años de esclavitud originalmente decretados sobre ellos se redujeron a 210. El Santo, bendito sea, calculó por lo tanto el exilio como comenzando con el nacimiento de Itzjak, no con el principio concreto del exilio en Egipto.

De esto podemos comprender que las múltiples tribulaciones del pueblo judío despiertan la compasión ilimitada de Di-s, llevándolo a terminar nuestro exilio antes.

Esto es exactamente lo que vemos respecto del exilio en Egipto: Cuando Iosef gobernaba Egipto, y mientras tanto uno de sus hermanos siguiera vivo, los judíos no sufrieron las privaciones del exilio, como lo aprendemos de Éxodo 1. Con todo, esa era está incluida en los abreviados 210 años.

Cuánto más entonces se aplica esto a nuestros días, pues hemos soportado más de 1800 años de exilio, y hemos experimentado tantas pruebas en este largo período de sufrimiento que debemos guardar las esperanzas de que Di-s, Quien es bueno, traerá pronto todo esto a su fin, pues no tenemos la fortaleza física ni espiritual para soportarlo mucho más.

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