La labor de la boca

A los seres humanos les encanta hablar. A veces, parecería que a duras penas confiamos en que un pensamiento o sentimiento fuera nuestro hasta que lo hayamos comunicado a los demás…

Dijo Rabí Ajá: La charla de los sirvientes de los Patriarcas es más deseable que la Torá de los hijos. Pues la historia de Eliezer es narrada dos veces por la Torá, mientras que muchos principios de la ley de la Torá son comunicados apenas a través de la alusión.

— Midrash

De hecho, nuestra capacidad para la auto-expresión se aloja en el corazón mismo de nuestra humanidad. En el segundo capítulo de Génesis, la Torá describe la creación del hombre: “Y el Señor Di-s formó al hombre [de] polvo de la tierra, y Él sopló en sus narices el hálito de vida. Y el hombre se convirtió en un alma viviente
Onkelós, en su traducción/comentario arameo a la Torá, traduce las palabras “Y el hombre se convirtió en un alma viviente”, como “Y el hombre se convirtió en un espíritu parlante”.
En las obras filosóficas y cabalísticas de nuestros Sabios, el hombre es llamado “el parlante”. La totalidad de la Creación se divide en cuatro planos o “reinos”: domém, las creaciones “silenciosas” o inanimadas; tzoméaj, las cosas que “crecen”; jai, el mundo animal; y medabér, el parlante, el hombre.
¿No hubiera sido más adecuado definir al hombre por su inteligencia o espiritualidad? Por supuesto, la capacidad de comunicarse es una señal de inteligencia. Es también un indicio de “espiritualidad”, de la capacidad de trascender su propio ser y relacionarse con alguna otra cosa, diferente, e incluso opuesta, a él.
Pero hay otras facultades humanas que exponen estas características. El hecho de que el hombre es denominado “el parlante” implica que la facultad del habla es el componente esencial de nuestro objetivo y misión en la vida.

La Labor de la Boca

La “labor de la boca”, consiste de dos elementos: la “labor del habla” y la “labor de la Torá”. Reflejando las Diez Expresiones de Creación están los Diez Mandamientos hablados por Di-s en Sinaí. Si las Diez Expresiones son “el código original” del mundo natural, los Diez Mandamientos son la esencia de una realidad superior, la de la Torá. La Torá encarna una visión Divina de la realidad que supera la realidad natural: una realidad de inadulterada bondad y perfección; una realidad que es una concreción consumada de la voluntad Divina.
Las Diez Expresiones derivan de los Diez Mandamientos, pues el mundo natural, diseñado como el ambiente dentro del cual se concreta la Torá, deriva su esencia y raison d’etre de la Torá; sin embargo, son una expresión más inferior y burda de la auto-expresión Divina.
El Zohar va tan lejos como para referirse a las Diez Expresiones como “palabras mundanas” en comparación con las sublimes palabras de los Diez Mandamientos, diciendo que es trivial en Di-s, por decirlo de alguna manera, pronunciar el mundo a la existencia, tal como “no es hábito del Rey entregarse a la charla mundana”.
Así, el Talmud distingue entre dos áreas de creatividad humana: la “labor del habla”, que son nuestros esfuerzos creativos dentro del contexto del mundo natural (siendo el “habla” una referencia a las Diez Expresiones), y la “labor de la Torá”, el esfuerzo para imponer una realidad superior, supra-natural, sobre el mundo, al implementar la voluntad Divina, tal como ella se expresa en los mandamientos de la Torá, en nuestras vidas cotidianas.

Di-s en los Detalles

Aún así, el Midrash también declara que “El habla de los sirvientes de los Patriarcas es más deseable que la Torá de los hijos”.
En el capítulo 24 de Génesis, la Torá cuenta la historia del viaje del sirviente de Avraham, Eliezer, a Mesopotamia, para encontrar una novia para el hijo de Avraham, Itzjak. Leemos como Avraham convoca a Eliezer y lo envía en su misión, instruyéndole escoger una novia de la familia del hermano de Avraham, Najor. Eliezer llega a Mesopotamia y reza a Di-s pidiendo Su orientación para encontrar una novia digna para el hijo de su amo. Entonces idea una señal: la doncella que, cuando se le pida agua para beber, ofrezca extraer agua también para sus camellos, es la destinada a casarse con Itzjak. Rivká aparece y cumple todos los requerimientos de la señal; cuando Eliezer le pregunta después por su familia, se entera que es una nieta de Najor. El sirviente agradece a Di-s por “conducirme por la senda que lleva al hogar del hermano de mi amo”.
Eliezer es invitado al hogar de la familia de Rivká. En este momento, leemos todos los detalles de los sucesos de ese día por segunda vez; esta vez en palabras de Eliezer, cuando los relata a la familia de Rivká. El punto de la historia, una vez más, es la muestra de Providencia Divina en los asuntos del hombre. “La cuestión ha sido ordenada por Di-s”, coinciden Betuel y Laván, el padre y hermano de Rivká. “No podemos decir nada, bueno o malo”.
Este largo capítulo (67 versículos) suscita mucho análisis en los Sabios. No solamente la Torá es extraordinariamente detallista en su descripción, sino que relata dos veces toda la historia casi palabra por palabra.
Esto, ¡en un libro tan conciso que muchas leyes complejas son derivadas de una letra o palabra extra! En consecuencia, la conclusión de que la Torá prefiere las conversaciones de los sirvientes de nuestros antepasados a las complejidades de la ley de la Torá dirigidas a, y estudiadas por, sus descendientes.
La historia de Eliezer es un ejemplo clásico de la “labor del habla”, de la manera en que aplicamos nuestras habilidades comunicativas y creativas para crear un mundo en sociedad con Di-s.
Una serie de sucesos tiene lugar en el pozo de agua de un pueblo de la Mesopotamia y resulta en el casamiento de una determinada mujer con un determinado hombre. Estos son sucesos totalmente naturales, encordados juntos por lo que usualmente se describe como “coincidencia”. Pero Eliezer transforma estos sucesos en “habla”, en una narración coherente y significativa.
Eliezer cuenta como rezó a Di-s por el éxito, expresando su creencia de que lo que está por desplegarse es Di-s haciendo, más que “las obras ciegas del destino”; pide una señal, y preside su cumplimiento; entonces cuenta la historia a Betuel y Laván, comunicándoles lo que ha experimentado y convenciéndolos de que “La cuestión ha sido ordenada por Di-s”. En la experiencia y narración de Eliezer, un trozo del mundo natural es definido como obra de la mano de Di-s, como una expresión de la involucración del Creador en Su creación.
Finalmente, el estudio e implementación de la ley de la Torá figura más alto en la jerarquía de “labores” que la búsqueda de Di-s dentro de las obras de la Creación. A través de la “labor del habla”, uno se relaciona con el Creador sólo en el nivel de las Diez Expresiones, mientras que mediante la Torá, uno supera la realidad natural, concretando una sociedad con Di-s que trasciende la “charla mundana” de la creación. No obstante, la “labor del habla” tiene algo especial que hace de la historia de Eliezer algo más deseable que “la Torá de los hijos”.
Di-s deriva un placer especial de Su sociedad con nosotros mientras avanzamos en nuestros asuntos cotidianos, integrándolo a Él en los detalles más comunes de las narrativas de nuestras vidas.

Basado en Likutéi SVot, Vol. XX, págs. 330-335;
Vol. XV~ págs. 93-99; Vol. XXI, págs. 245-246

Extraído y editado de “El Rebe Enseña”
Kehot Lubavitch Sudamericana

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