La economía se desmorona…

Estaba en la línea de la caja del autoservicio cuando la mujer delante de mí empezó a discutir con el cajero…


“No puede ser correcto. Por favor sume de nuevo mis artículos” pidió. Él sumó todo de nuevo – una hogaza de pan, un cartón de leche, dos potes de queso cottage, y dos heladitos de agua. No, la cantidad era correcta. “Pero no puede ser,” ella protestó al sacar el dinero de su cartera. “El dinero es como el agua, como el agua”. Sentí empatía al mirar mis propios artículos y pensé en la provisión de dinero en efectivo que menguaba en mi billetera. Mirando que los precios de la gasolina vuelan, estoy agradecida porque no podemos permitirnos el lujo de comprar un automóvil. Agradezco por tener comida, ropa, y un techo sobre nuestras cabezas. Nada nos falta cuando presupuesto cuidadosamente, intentando ensanchar al máximo cada centavo; pero no puedo dejar de preocuparme y detener la ansiedad en mi corazón, cuando el costo de vida continúa subiendo. Oigo personas diciendo: “¿que será, que será”? Cuando Adán y Java, el primer Hombre y la primer Mujer, pecaron comiendo del árbol prohibido, junto con la serpiente que incitó a Java a pecar, cada uno recibió un castigo. Di-s castigó a la serpiente, “…polvo deberás comer todos los días de tu vida” (Génesis 3:14). A la Mujer, Di-s le dijo, “Aumentaré tu sufrimiento y tu embarazo;…con dolor darás luz…” (ibid 3:16). Y al Hombre: ” con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas a la tierra…” (ibid 3:19). Cuando comparamos el castigo del Hombre al de la serpiente, parece que el Hombre recibió un castigo mucho más duro. Después de todo, el polvo está por todas partes. La serpiente puede encontrar su comida dondequiera que vaya y sin esfuerzo, mientras que el Hombre debe trabajar y sólo recibe su sustento por el sudor de su frente. Los comentaristas, sin embargo, explican que la serpiente recibió el peor castigo de los tres.
Hace diez años, mi marido trabajaba en la industria textil y las cosas en su negocio estaban muy difíciles. Siempre pagaba a sus empleados los viernes. Pero una semana, no había dinero para pagar a sus obreros. Escribió un cheque a otro comerciante y le pidió que le diera dinero en efectivo por el valor del cheque que estaba post-datado hasta el lunes siguiente. Él pagó a sus obreros y vino casa con un corazón pesado. Mi marido me contó cómo se dirigió a Di-s en una plegaria: “¡Ayúdeme!”. Shabat llegó y mi marido lo recibió con el mismo amor como lo hace todas las tardes del viernes. Shabat acabó, domingo pasó y el lunes llegó, el día que se suponía que el comerciante cobraba el cheque. Cuando mi marido arribó a su oficina había otro cheque de un cliente que lo esperaba. La cantidad era exactamente igual que la suma que él necesitaba para cubrir el cheque. Cuando Di-s maldijo a la serpiente, era como si Él estuviera diciendo: “Te proporciono comida por todas partes para que nunca tengas que llamarme, porque no quiero nada que ver contigo”. Haciendo la vida de la serpiente fácil, Di-s estaba distanciándose esencialmente de ella, y ésta es la peor maldición. El hombre y la mujer, por otro lado, fueron castigados con maldiciones que requerirían su contacto constante, y la dependencia directa de Di-s. Su sustento y su bendición más grande – los niños – sólo vendrían con dolor y esfuerzo, pero un dolor y trabajo que los conectarían a Di-s. Nuestro sustento y nuestras bendiciones más grandes son los medios para traernos más cerca de nuestro Creador. Recuerdo esto cuando veo el dólar cayendo y yo llamo a Di-s: “Ayúdame.”

De Ilana Mizrahi- Jerusalem

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