La Ecología espiritual

La ecología es una rama muy práctica de la ciencia. Nada podría resultar ser más “con los pies en la tierra” que la preservación del planeta (Por Rabin David Sears).

Por Rabin David Sears

Así, innumerables leyes en la Torá nos demandan abrir nuestros ojos, y actuar responsable y compasivamente hacia el mundo que nos rodea. Entre otros mandatos ecológicos, promulga las leyes de bal tashjit (no destruir perversamente, ni desechar los recursos innecesariamente); la prohibición de cortar árboles frutales que rodean una ciudad enemiga en tiempo de guerra; las leyes de cubrir el excremento, y quitar las ruinas de los lugares públicos, etc. Haciendo esto, la Torá indica que, aunque podemos sentir desigualdades con la naturaleza teniendo que esforzarnos por sobrevivir- en verdad el mundo comprende un todo potencialmente armonioso en que cada elemento es precioso.

Rabi Abraham Itzjak Kuk (1865-1935), Gran Rabino Ashkenazi del pre-estado de Israel
y destacado pensador del siglo 20, expresa esta influyente idea: “Si usted se asombra de cómo es posible hablar, oír, oler, tocar, ver, entender, y sentir- indíquele a su alma que todas las cosas vivientes confieren colectivamente en usted la exuberancia de su experiencia. Ni el menor aspecto de existencia es superfluo, todo es necesario, y todo sirve a su propósito. ‘Usted’ está presente dentro de todo lo que está bajo usted, y su ser está unido a todo lo que lo transciende”

Una persona armónica espiritualmente, reconocerá que cada criatura está esencialmente unida a otra, y que todos compartimos un destino colectivo. Así, nuestra actitud fundamental debe ser de compasión, no de posesión o agresión. Esta ética aplica a todos los niveles de la creación. Como el maestro cabalista Rabí Moshe Cordovero de Safed (conocido como el “RaMaK,” 1522-1570) insta: “Nuestra compasión debe extenderse a todas las criaturas, y no se las debe despreciar ni destruir; pues la Sabiduría Superna [es decir, la sabiduría Divina que le da vida a toda la existencia] se extiende a toda la creación- desde el nivel “silencioso” o mineral, plantas, animales, y humanos.

En las palabras del Baal Shem Tov (Rabí Israel ben Eliezer, fundador del movimiento Jasidico, 1698-1760), debemos buscar el bienestar de todos precisamente porque somos igualmente las criaturas de Di-s, que creó para llevar a cabo Su Voluntad.

Por ello, nuestros Sabios nos han advertido de no tratar la comida irrespetuosamente. Así como la Sabiduría Superna no desprecia nada, ya que todo se produce allí—como está escrito: “Tú los Has formado a todos con sabiduría”(Salmos 104:24)- la persona debe mostrar compasión a todas las creaciones del Santo, Bendito Sea.”

Las palabras del RaMaK establecen una visión de Di-s centrada en el universo, como opuesta a aquella en la que el hombre es el centro o lo es la naturaleza. En las palabras del Baal Shem Tov (Rabí Israel ben Eliezer, fundador del movimiento Jasidico, 1698-1760), debemos buscar el bienestar de todos precisamente porque somos igualmente las criaturas de Di-s, que creó para llevar a cabo Su Voluntad.
“No te consideres superior a nadie..” dice el fundador del Jasidismo. “En verdad, no eres diferente a ninguna otra criatura, ya que a todas las cosas se les dio vida para servir a Di-s. Así como Di-s Te otorgó el conocimiento, le otorgó conocimiento a tu compañero.

¿De qué manera un humano es superior a un gusano? Un gusano sirve al Creador con toda su inteligencia y habilidad; y el hombre, también, se compara a un gusano, como declara el versículo: “soy un gusano y no un hombre”(Salmos 22:7). Si Di-s no te hubiera dado un intelecto humano, sólo podrías servirlo como un gusano. En este sentido, ambos son iguales ante los ojos del Cielo. La persona debe considerarse un gusano, y a todas las criaturas considerarlas como compañeras en el universo, porque todos somos creaciones cuyas habilidades son entregadas por Di-s”.
Esta afinidad y misión compartida de toda la creación, de servir a Di-s -cada criatura en su propia forma- se compara a menudo a una canción cósmica.
Cuando recitamos durante las oraciones Sabáticas: “El alma de cada ser viviente bendecirá Tu Nombre… Todos los corazones Te venerarán, y cada parte profunda cantará a Tu Nombre”. De hecho, cuando el Talmud describe los misterios del Maase Merkava (“El Funcionamiento de la Carroza” es decir, la experiencia mística), asocia esta sabiduría profética con una canción. Los Sabios relatan cómo Rabí Elazar ben Araj demostraba su preparación para comprometerse en el estudio de estos misterios ante su maestro, Rabi Iojanan- al punto que los árboles del campo eran abarcados por el fuego celestial y se unían en una canción, repitiendo los versículos del Salmo 148: “Alabad a Di-s desde la Tierra, gigantes del mar y todas las profundidades acuáticas… las montañas y colinas, árboles fructíferos y todos los cedros. . . Alaben a Di-s!”

Si escuchamos atentamente esta canción, todavía puede oírse. Rabí Arie Levin (“el tzadik de Jerusalém, 1885-1969), contó que cierta vez estaba caminando por los campos con su mentor, Rabí Abraham Itzjak Kuk. En el curso de su discusión de Tora, Rabí Arie Levin arrancó una flor. A esto, Rab Kuk comentó: “Todos mis días he tenido cuidado de no arrancar una hoja de césped o una flor inútilmente, cuando aun poseía la habilidad para crecer o florecer. ¿Conoces la enseñanza de nuestros Sabios que dice que no ni una sola hoja de césped crece aquí en la Tierra si no tiene un ángel sobre ella, ordenándole que crezca?
Cada brote y hoja dice algo significativo, cada piedra susurra algún mensaje oculto en el silencio- cada creación canta su canción”.
“Estas palabras de nuestro gran maestro,” concluyó Rabí Levin, “pronunciadas por un puro y santo corazón, se grabaron profundamente en el mío.
Desde ese día en adelante, comencé a sentir un fuerte sentido de compasión por todas las cosas.”
Que así pueda ser para quiénes oyen esta historia hoy y contemplan su perdurable verdad. Desde ese día en adelante, comencé a sentir un fuerte sentido de compasión para todas las cosas.

Fuente: Jabad Magazine Nº105 – Verano 2006 / Kislev – Tevet – Shvat 5766.

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