¿Por qué la Torá empieza con la letra Bet, la segunda en el alfabeto Hebreo, en vez de con la primera, que es el Alef?

Los sabios (en el Midrash) responden: “Porque la Alef es la primera letra de la palabra Arur, “maldito”, mientras que la Bet es la primera letra de la palabra Baruj, “bendito”. Pero esta explicación es difícil de entender. Alef, es también la primer letra de palabras muy bellas, como Emet (verdad), o Ahavá (amor), mientras que la Bet es también la primer letra de palabras malas, como por ejemplo Barad (granizo), y Belial “maldad”.

¿Por qué es entonces, que los sabios ofrecen una explicación que parece no contestar completamente a la pregunta?

Ellos pueden estar aludiendo a lo siguiente: Las letras del alfabeto Hebreo también representan números. Cada una de ellas, tiene un valor numérico que le corresponde: el Alef equivale al uno, la Bet al dos, y así. Por extensión, el Alef puede significar preocuparse por una sola persona, uno mismo, y olvidarse de los otros. La Bet, por el otro lado, simboliza la coexistencia, el preocuparse y llevarse bien con el otro. La Torá comienza con la Bet para enseñarnos que aquél que se preocupa por el otro es Baruj, bendito, la fuente de toda bendición, y que el Alef, el preocuparse de manera egoísta de uno mismo, es Arur.

Nuestros sabios nos están mostrando, cómo la primer letra de la Torá nos está enseñando la importancia de amar al otro y de preocuparse por el compañero. Una idea similar es expresada en la historia relatada en el Talmud (Shabat 31a). Un gentil fue a lo de Hilel, el gran sabio y líder de los judíos de esa época, y le dijo: “Conviérteme al Judaísmo con la condición que me enseñes toda la Torá mientras estoy parado en un pie”.

Para poder hacerlo, Hilel escogió una breve enseñanza que resume toda la Torá: “Lo que no te gusta que te hagan, no se lo hagas a los otros; esa es toda la Torá. El resto es una elaboración (de lo que es odioso para otros y debe ser evitado)”.
Hilel quería mostrar a este gentil desde el comienzo de su conversión al judaísmo, que la base de toda la Torá es evitar el egoísmo y lo importante que es preocuparse por el otro.

“Y Di-s dijo, “Hagamos a un hombre” ” (1:26)
Pregunta: ¿A quién le estaba diciendo Di-s, “Hagamos a un hombre”?
Respuesta: Tan pronto nace un animal, ya está completamente formado. El pasaje del tiempo solo agrega a su tamaño y a su fuerza. Sin embargo, el hombre cuando nace está completamente formado pero le falta todo el desarrollo. No habla ni camina, y le falta educación. Con el correr de los años su vida es continuamente madurada, a través de la educación que recibe.
Cuando Di-s creó al hombre, Él se dirigía a todas las generaciones que vendrían y le sdijo que el “desarrollo” del hombre, quien fue creado en Su imágen, sería contingente en su cooperación y en su asistencia.

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