¿ES TODO EL MUNDO UN EDUCADOR?

Un maestro puede considerar a un estudiante tan sólo como un individuo. El estudiante puede ser ideal o un alumno desinteresado; el maestro puede preocuparse o …

Era una época de inquietud y violencia en el Este de Europa. Ataques y pogroms en contra de los judíos eran algo común y la comunidad judía sufría grandes pérdidas de vidas y propiedades. Era una época de inquietud y violencia en el Este de Europa. Ataques y pogroms en contra de los judíos eran algo común y la comunidad judía sufría grandes pérdidas de vidas y propiedades…

En un ataque en contra de los indefensos judíos de un cierto pueblo de Rusia, un rústico campesino había robado a su desgraciada víctima todas sus posesiones, incluyendo una cartera de terciopelo. El campesino la abrió y dentro de ella encontró dos pequeñas cajas de cuero negro, con gruesas y largas tiras de cuero enrolladas en derredor.
Se trataba, por supuesto, de un par de Tefilín -filacterias-, pero el campesino no tenía ni la más remota idea de lo que podían ser.
Decidió que en su próximo viaje al pueblo, trataría de vender esos extraños objetos en el mercado.
Semanas más tarde, el campesino ruso se dirigió al pueblo y se instaló en el mercado local poniendo en venta varios de los objetos que había robado durante el pogrom. Entre esas cosas estaban los Tefilín.
Un comerciante judío muy observador pasó por allí y notó los Tefilín en las toscas manos del ladrón. Inmediatamente se dio cuenta de que estos eran robados -ya que los Tefilín, no estaban comúnmente a la venta entre los campesinos de las aldeas. “El bribón probablemente se los robó a un judío durante un pogrom”, pensó con enojo.
Acercándose al campesino, el comerciante señaló los Tefilin y preguntó con tono agudo y acusador: “¿de dónde los sacaste? ¿A quién se los robaste?”
El ladrón se sintió acorralado. Tenía que pensar rápidamente. Con presteza razonó para sus adentros que el objeto debía ser alguna clase de calzado. Después de todo, ¿no estaban confeccionados de grueso cuero? Se estiró lo más que pudo y asumió un aire indignado: “¿Cómo osas acusarme de haberlos robado? ¿Qué te hace pensar que los he tomado de algún lado? Sucede que sam saposhnik. ¡Yo también soy zapatero!”
El ladrón no pudo entender por qué los judíos que pasaban por allí -quienes se habían detenido a escuchar la discusión- rompieron a reír amargamente.

En la mayoría de los campos del conocimiento, nadie tendrá la presunción de emitir consejos, sugerencias, o hacer criticas, a menos que domine el tema. De otra forma, todo el mundo lo reconocerá por lo que realmente es, un ignorante. Un graduado de la escuela secundaria, por ejemplo, que sólo haya estudiado física elemental, seria el hazmerreír de todos si tratara de criticar o emitir juicio respecto de la investigación de la física moderna. Nadie le prestaría atención si propusiera “nuevos métodos” para que los físicos calificados los siguieran.
Por otro lado, en lo que respecta a la Torá y el judaísmo, estamos constantemente expuestos a las teorías y filosofías de los “Saposhniks” educacionales – remendones que ignoran la diferencia entre Tefilín y calzado. Cuando de la vida judía se trata, lamentablemente, todos se consideran “expertos”. Todo el mundo ofrece su opinión con respecto a qué partes de la Torá enseñar y cuáles omitir. Todos proponen mitzvot que consideran, en su carácter de “expertos”, como validas, y otras “que han perdido relevancia
Es bastante triste escuchar estas opiniones ya durante las discusiones académicas y teóricas. El peligro se presenta con mayor ímpetu aún cuando los “remendones” que están alejados del judaísmo y que nunca estudiaron la Torá a conciencia, comienzan a tomar decisiones sobre la educación de la Torá aplicada a nuestros hijos…

UNA PERSPECTIVA JASIDICA SOBRE LA MOTIVACION

Nunca ha existido en los círculos judaicos un tema tan prolíficamente hablado y sobre el cual se hay escrito tanto como el de Jinuj, la educación y el entrenamiento de nuestra juventud.
Siempre ha sido uno de los puntos principales en Conferencias y Convenciones, ha sido partido y desmenuzado, se ha deliberado largo y tendido para determinar formas y medios de traerlo al lugar que le corresponde en la vida judía y para analizar las razones de los fracasos anteriores, ya fueran totales o parciales.
No osamos considerar al hombre o la mujer judíos como una entidad -principio y final-. Cuando nos ocupamos del crecimiento espiritual no nos atrevemos a ser tan miopes. Debemos considerar al judío tanto como una extensión de nuestro pasado como de él en adelante, hacia todas las generaciones futuras que emanarán de él. Nuestros Sabios dicen que Cain fue culpable de un crimen inmenso, ya que no solamente mató a Abel sino también “a él y a su semilla hasta el final de todas las generaciones”.
Los Rebes de Lubavitch utilizaron una expresión cabalística que en esencia decía: “Debes considerar al semejante judío tal como éste está en su fuente; y en ella está su imagen completa y la de todos los que de él provienen, hasta el fin de los tiempos”.
Un maestro puede considerar a un estudiante tan sólo como un individuo. El estudiante puede ser ideal o un alumno muy malo y desinteresado; el maestro puede preocuparse y dedicarse, pero si su única preocupación consiste en ver al estudiante como un individuo aislado, si piensa únicamente en el propio crecimiento del estudiante, sin proyectar sus pensamientos hacia el efecto futuro que ese estudiante tendrá en aquellos que lo rodean, entonces, el punto de vista de ese maestro es muy limitado y poco estimulante.
Si tomamos al estudiante como una eventual fuente de inspiración para los demás, una cascada que traerá agua llena de vida a aquellos que
están a su alrededor y a aquellos que eventualmente provendrán de él, entonces, ese estudiante asume un valor totalmente nuevo. Nuestra relación con él seria mucho más profunda e intensa si, al mirarlo, viéramos con los ojos de nuestra mente las esperanzas de su progenie en un mundo de Torá y Mitzvot.
Cerremos los ojos por un momento e imaginemos a un joven en una esquina, con los pies inquietos, pateando guijarros, buscando un poco de excitación en derredor, vacio de valores relig¡osos, viviendo también en un vacio.
El tiempo no se detiene. Con lo que sea que este joven se estabilice, no teniendo acceso a un legitimo judaísmo, su vida familiar tendrá una cualidad secular, en el mejor de los casos, si es que no algo peor. ¿Qué ambiciones puede tener para los hijos? ¿Qué puede anticiparse de la vida de los nietos? La respuesta es cortante y temible-mente clara: casamientos mixtos, ninguna identificación con el judaísmo, actitudes antirreligiosas, etc.
Hagamos mover el péndulo en la otra dirección. ¿Cuál es el panorama presente y futuro, si el joven de la esquina es abordado y conducido “cerca” de la vida que enseña la Torá? Muchos de nosotros hemos tenido la placentera experiencia de ver a alguien que encontró el camino de regreso a su herencia y comenzó a vivir religiosamente, encontrando consuelo y solaz en el rejuvenecimiento de su alma, como así también dignidad y calor en el estudio religioso y su observancia, convirtiéndose en un joven o una joven con una dirección determinada en la vida, llegando, eventualmente, a establecerse con una pareja, ambos transitando juntos por el mismo camino.
Y luego la generación siguiente: los hijos educados con la belleza de los valores de la Torá, recibiendo una educación de acuerdo a ella y, a medida que crezcan, ellos también construirán su hogar sobre la roca del judaísmo viviente y eterno, y así se continuará, es de esperar, hasta el infinito.
Entonces, el individuo ya no es sólo eso, un individuo. Sus extensiones pueden llegar hasta distancias tremendas, con el mayor de los impactos.
Esta es la mejor manera de acerca a Jinuj:
Al tratar con un individuo, siempre debemos estar motivados por la pujante impresión que de él, y en él, vemos a muchas generaciones.
Enfocado de esa perspectiva, el educador adquiere el verdadero sentido de responsabilidad que su sagrada misión le impone, para ser dedicada plenamente, educando generaciones.

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