Asesinato

1. El mandamiento que prohibe el asesinato fue explícitamente establecido por Dios ante Noaj: “Quienquiera que derramare sangre de hombre, por hombre será su sangre derramada, porque El hizo al hombre a Su imagen (Génesis 9:6).

2. Un Noájida que mata a un ser humano, aun a un bebe en el útero de su madre, recibe la pena capital. Esto quiere decir que a aquel que golpéa a una mujer embarazada, dando como consecuencia el deceso del feto, le corresponde la pena capital. [1]

Nota.- La acción debe haber sido llevada a efecto al menos cuarenta dias después de la concepción. [2] Antes de los cuarenta dias, el acto entra en la categoría de destrucción del semen del hombre, y al trasgresor le corresponde castigo desde los cielos, no por parte de una corte de justicia.

3. Hombres y mujeres son iguales en lo que refiere a la responsabilidad de observar el mandamiento que prohibe el asesinato; y, cualquier acto por el que un hombre sería hallado culpable, de igualmente conllevaría la culpabilidad de una mujer. [3]

4. Si una persona mata a un enfermo terminal o a alguien que está por caer (sin remedio) de lo alto de un acantilado o a alguien que (por cierto) morirá de un momento a otro por alguna otra razón, transgrede el mandamiento (que prohibe el asesinato) y, en consecuencia, las cortes habrán de castigarlo. [4] Este juicio ubica firmemente la idea de muerte digna o eutanasia en la categoría de asesinato.

5. Si alguien empuja a una persona a la línea férrea y (luego) un tren viene y la mata, o si alguien deja a una persona en una situación donde por cierto perecerá (de hambre), aun cuando la acción provoca sólo indirectamente la muerte de la persona, el responsable es un asesino y el acto cometido a de ser castigado por las cortes.

6. Si una persona mira a un individuo que persigue a otro con la intensión evidente o sospechosa de cometer asesinato (o con la intensión de obligar al perseguido a cometer un pecado), y si el observador está en condiciones de parar al perseguidor lastimándolo, pero en su lugar lo mata, entonces (el observador) trasgrede este mandamiento y a de recibir la pena capital. Si, sin embargo, la persona en sí misma es la perseguida, es libre de tomar cualquier medida necesaria para salvar su propia vida. [5]

7. Las autoridades no concuerdan respecto a si es permisible para un Noájida el matar un feto con el propósito de salvar la vida de la madre. Pero todos concuerdan que tomar la vida de la madre para salvar a un feto es asesinato y debe ser castigado por las cortes. [6]

8. Si un Noájida mata a alguien a través de un sicario, ambos el sicario y quien lo envió son culpables de asesinato. [7] [8]

9. Una persona debe permitir que le maten antes que cometer asesinato; esto es un mandamiento. Esto quiere decir que si alguien le amenaza a uno de muerte para que mate a alguien, entonces deberá rehusar (completamente) la posibilidad de cometer asesinato sin importar las consecuencias. [9]

10. El suicidio está prohibido bajo las Siete Leyes Universales. [10]

11. No hay lugar de refugio legal para un asesino. Cualquier pariente (por el lado paterno) de una víctima (de asesinato) que pueda legalmente heredar propiedad del decesado podría designarse a sí mismo un “vengador de sangre”. Si el asesinato fue cometido intensionalmente con premeditación, es obligación del vengador de sangre el esforzarse por que el asesino sea juzgado.

12. Si el asesinato fue impremeditado, es decir, si el asesino actuó negligente pero sin intención, y si (además) es materia de un guer toshav [11] matando a otro guer toshav, el asesino a de huir a una ciudad de refugio designada y residir allí hasta que se presente a juicio. Si las cortes dictaminan que efectivamente mató pero sin intención, deberá (sin remedio) retornar a la ciudad de refugio y residir allí hasta que el Sumo Sacerdote de los Judíos muera (la muerte del justo es una expiación por la generación), luego es libre de retornar a su hogar. Si abandona la ciudad de refugio previo a la muerte del Sumo Sacerdote, el vengador de sangre podría encontrarle y darle muerte. En este caso, el vengador de sangre es considerado ’sin culpa’ por matar a aquel que cometió asesinato involuntario.

Si un guer toshav mata a un israelita sin intención pero negligentemente, o si mata a otro guer toshav debido a que pensó que era permisible (esto equivalente a matar premeditadamente), es culpable y a de recibir la pena capital.

Si un Noájida que no vive de acuerdo a las Siete Leyes Universales mata inintencionalmente a otro Noájida, está sujeto a la pena capital y la ciudad de refugio no le provée protección alguna.

En cualquier caso donde el vengador de sangre mata a quien cometió involuntariamente el asesinato, si un pariente de este último busca venganza en contra del vengador de sangre y lo mata, aquel familiar es tenido por asesino y perseguido como tal. [12] [13]

13. Hay una diferencia de opinión respecto a si las Siete Leyes Universales incluyen el mandamiento que prohibe la destrucción voluntaria de la semilla del hombre mediante masturbación o cualquier otro acto que implique derramamiento (o malgasto) de semen. Todos concuerdan, sin embargo, que tener relaciones sexuales con una mujer que es incapaz de engendrar hijos no es considerado derramamiento de semen.

Una opinión establece que el mandamiento de ser fructífero y multiplicarse, habiendo sido entregado a Noaj pero no repetido a Moisés, era obligatorio (sólo) durante aquellas generaciones previas al evento histórico del Monte Sinaí. En aquellos tiempos, derramar semen era considerado uno de los pecados más atroces y, de hecho, fue una de las principales razones por las que Dios trajo el Diluvio. Más aun, la Torá claramente enseña que los dos hijos de Judá, Er y Onan, recibieron muerte porque, “la cosa que él (Onan) hizo fue mala ante los ojos del Señor” (Génesis 38:10). Pero este evento también ocurrió antes de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Esta opinión concluye que, puesto que el mandamiento en contra de derramar semen no fue repetido en el Monte Sinaí, ya no tiene más efecto como parte de las Siete Leyes Universales. [15]

La otra opinión establece que, a pesar de que no fue repetida tal ley en el Monte Sinaí, puesto que fue originalmente parte de las Siete Leyes Universales, un hombre no debe destruir voluntariamente su semilla, a pesar de que el acto no es castigable por las cortes. Después de que un hombre ha cumplido su obligación mínima de engendrar un hijo y una hija, si lo deséa puede utilizar mecanismos anticonceptivos; debería usar aquellos que no actúan directamente sobre el semen. [16] Digamos también que, de acuerdo con este punto de vista, la masturbación estaría estrictamente prohibida.

En términos espirituales, la razón para estar tan preocupados y ser tan estrictos respecto al derramamiento de semen es que este acto es considerado como la destrucción voluntaria de la fuerza de vida, igualada con la vida misma. Por tanto, la destrucción de la semilla del hombre está muy relacionada con el asesinato y, más aun, con el asesinato de los hijos propios.

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